Cómo salir en cámara siendo founder
¿Por qué nos enfocamos tanto en no dar vergüenza ajena? o en términos actuales: ¿Por qué nos importa tanto dar CRINGE?
En un principio el cringe era para describir situaciones de extrema vergüenza ajena. Ahora solo arruina experiencias, esta palabra se usa para estigmatizar todo lo que esté fuera de esta norma aburrida y repetitiva, donde si no actúas, te vestís y hasta mirás las mismas cosas que la mayoría das “cringe”.
Este término se instaló tanto en la sociedad actual que ahora no solo arruina experiencias, también arruina la estrategia de tu negocio.
La inteligencia artificial está en auge y los usuarios buscan conectar con contenido más real, donde se sientan parte de una comunidad. Pero pasa algo curioso: las marcas buscan ser más humanas, pero quienes están detrás de ellas siguen escondidas por el “cringe”.
Pero no se trata de convertirse en influencer ni de subir videos todos los días, se trata de ponerle cara a lo que VOS estás construyendo. Ver al founder contar cómo empezó algo, mostrar un proceso o explicar por qué tomó una decisión genera algo que ninguna pieza publicitaria logra del todo: confianza.
Hoy te enseñamos cómo atravesar el cringe sin morir en el intento:
1. Empezá desde lo simple:
Contá algo que ya hacés: cómo trabajás, una decisión reciente, un problema que resolviste.
2. Bajá la vara de producción:
Cuanto más producción, más presión. Un video simple, incluso imperfecto, puede generar más conexión.
3. Hablale a una persona, no a una audiencia:
Pensá que le estás explicando algo a un cliente o a alguien de tu equipo, esa postura baja automáticamente la incomodidad.
4. Aceptá el primer cringe:
Los primeros videos probablemente no te gusten, es parte del proceso no una señal de que “no es para vos”.
5. Buscá referencias:
Mirá qué hacen otras marcas que te gustan o que son competencia, no para copiarlo, sino para entender cómo hablan a cámara, como cuentan sus historias. De a poco vas a ir encontrando lo que a vos te haga sentir más cómodo.
La consecuencia de mostrarte en cámara es sentir que das vergüenza ajena, pero la de no mostrarte es peor: perdés una de las herramientas de comunicación más potentes que hoy tienen las marcas.
Ahora tenés más herramientas que excusas, grabate, equivocate, borra todo y volvete a grabar, como dicen por ahí “la práctica hace al maestro”.
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